lunes, 24 de junio de 2019
Aroma a jazmín
La descubrí una mañana desde mi balcón, la observé pintando un cuadro.
Matilda, mi vecina coqueta y carismática, transitando plenamente su cuarta fase de la vida.
Siempre a su paso aportando buenos consejos y vivencias, casi una vieja gurú.
Los domingos por la tarde, sus ojitos chispeantes delatan la ansiedad por el encuentro en el club, tomar un té de jengibre, canela y miel, jugar a la canasta, hablar de bueyes perdidos para luego dar paso a la sagrada ceremonia dominguera de amigas. (Está permitido fumar o beber algún licorcito casero).
Sé que su hija vive en Madrid, siempre fue independiente y cruzó el océano para formarse como actriz dramática.
Tiene un perro flaco, lo llama Diego, es fiel compañero mientras arregla el jardín, que sin importar la estación, florece todo el año.
Mujer entera, espíritu libre, aroma a jazmines, los años no pudieron borrarle su verdadera escencia.
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