martes, 25 de junio de 2019

Mamá puse mis zapatitos juntos y ahora están separados



Después de una larga espera, ¡al fin la mudanza!. Casa grande, sin lujos pero era la soñada. Pocos muebles, cambios bruscos y muchas proyectos por delante.

Parrilla, al fin parrilla, dos terrazas, un perro, 2 balcones para mi colección de cactus, lavadero y al fin una habitación para Flor, elegimos el marco de una puerta para marcar su crecimiento, una sensación de haber llegado a la meta. Todo lo anhelado por mí estaba frente a mis ojos, lágrimas de felicidad se escapaban al pensarlo.

La primer noche fue rara, cansancio, nuevos ruidos y el viento soplando en cada ventana. Emoción e intranquilidad normal del primer día en una casa nueva.
Hasta el perro, no encontraba su lugar de descanso, iba de un lugar a otro, estaba perdido.
Pero lo que quedó tatuado en mi mente fue en la mitad de la noche, Flor entró a mi habitación, con sus 5 añitos, cara pálida y desencajada, dijo: - mamá puse mis zapatitos juntos y ahora están separados. 

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